PADRE: LUIS MARIA FERNANDEZ PULIDO "PAFER"
(1916 - 1985)
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PAFER
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Fundador de la Central de Juventudes y la Asociación Misioneros de la Juventud
"Mi nombre de pila es Luis María Fernandez Pulido, pero los jóvenes me llaman Pafer, que significa Padre Fernandez."
Así solía presentarse este singular sacerdote de la Arquidiocesis de Bogotá, que realizó la mayor parte de su ministerio pastoral en favor de la juventud de Colombia y de América dentro de la jurisdicción de la Diócesis de Girardot.
Su huella perdura hoy con gran vitalidad despues de veinti dos años de su muerte. Los lugares que mas evocan su presencia son: El Centro de Formación y Servicios "La Capilla", sede apostólica de la Central de Juventudes donde tradicionalmente se realizan las Escuelas de Líderes y el Curso de Pasrtoral Juvenil. La Casa "Patmos" de Anapoima (Cundinamarca): la casita que habitó por temporadas y que tanto bien le hacía en razón de su clima. En aquella ciudad residían dos de sus hermanos, Gustavo y Pachito. Allí lo sorprendió la muerte el 13 de mayo de 1985. Finalmente, "La Ciudadela de Dios", en el municipio de Tena (Cundinamarca): un hermoso lugar en inmediaciones de la Laguna de Pedro Palo cuyo silencio y paisaje invitan a la contemplación y a la alabanza. Y por supuesto, la sede administrativa de la Central de Juventudes en el Centro de Formación y Servicios "El Salitre", corazón de Bogotá.
Su padre era de Sopó y su madre de Tenjo. Lejanos descendientes de un grupo de expedicionarios que llegaron de Europa a tierra americana con Don Nicolás de Federmán. De este hecho dedujo Pafer que esa sangre aventurera que corría por sus venas era la que , evolucionada, lo había impulsado a la más grande y bella aventura: "Conquistar para Cristo la Juventud de América".
Luis María vino a la vida el 27 de Febrero de 1916 en un pequeño cacerío llamado Gutierrez en Cundinamarca, donde su tio, hermano de su padre, era el párroco. Su madre, que había ido allí desde Bogotá con la intención de permanecer sólo unos pocos dias, pero se vió obligada a quedarse hasta después del parto, ya que ofreció complicaciones.
El mes de enero del año 1928 decidió, en pleno acuerdo con sus padres, ingresar al seminario menor. De sí mismo dijo: "Sí a mí me ponen a escoger un candidato al sacerdocio entre los niños dentro de los cuales yo me contaba, jamás habría escogido a ese muchachito de ojos vivos, de mirada picaresca, de cierta simpatía pero de caracter mas bien violento y si además conozco sus años pasados: no presagiaba nada bueno".
En el año 1933 el pasó al Seminario Mayor de Bogotá, así describe años despues el modo como transcurrió aquella etapa de su proceso formativo: "con una seria formación espiritual, con gran entrega apostólica, con un profundo amor a la Iglesia, con una buena formación humana y con una gran apertura a las inquietudes del mundo". Fue precisamente en esos primeros años de Seminario Mayor que conoció a la JOC, "Juventud Obrera Católica", un novedoso movimiento eclesial de hondo raigambre social fundado en Bélgica por el Padre José Cardyn. Al calor de sus banderas se gestó la que sería su vocación específica y el acento de su sacerdocio: el trabajo con los jóvenes.
De este ideal bebió y muy especialmente de esa fuente refrescante que era Monseñor Jorge Murcia Riaño, su maestro, su guia, su formador, su amigo, su padre espiritual. Ya en el último año del ciclo filosófico se unió a la "Compañia de San Juan Evangelista", un instituto secular integrado por sacerdotes y apóstoles laicos, hombres y mujeres; ciertamente una fórmula demasiado avanzada para la época. Siete años después, el 3 de septiembre de 1939, dia en que estallaba la segunda guerra mundial, recibía Pafer en la ciudad de Roma, donde concluyó sus estudios, la ordenación sacerdotal.
Cuando el instituto de los Juanistas apenas comenzaba a configurarse, su fundador, el Padre Murcia, moría a las diez de la noche del miercoles 15 de noviembre de 1944. Pafer, joven sacerdote de 28 años de edad, se qedaba solo y con un ideal que no le cabía en el pecho. Durante los años subsiguientes intentó muchas fórmulas; sólo le dejaron experiencia. El santo Arzobispo de Bogotá, Mosneñor Ismael Perdomo, le confió el colegio de la Catedral, pero apenas si había transcurrido algo más de un año cuando vino el aciago 9 de abril de 1948, el colegio fue incendiado y con él una etapa de búsqueda en pos del ideal. sentado en una escalera de una casa vacía llegó a esta conclusión: "La revolución del 9 de Abril no se habría producido si se hubiera trabajado seriamente con la juventud". "Pero el Señor preparaba sus caminos -así lo interpretó-, quería que a todos constara que la obra era suya, exclusivamente suya, y me pidió entonces lo último que me quedaba: mi salud. Al regreso del congreso eucarístico de Cali (donde fue en compañia de 49 muchachos a pedirle a Jesús le mostrara el camino para trabajar en servicio de la juventud) estuve paralizado casi durante 6 meses. Ahora sí, el granito había muerto del todo y el señor podía hacer su obra".
Aún convaleciente, mientras hacía antesala en la oficina de una organización que quería ayudar damnificados del 9 de Abril, hizo un diagrama de lo que podría hacer con la juventud campesina, obrera, estudiantil y universitaria. En letras grandes escribió por título: CENTRAL DE JUVENTUDES. En la homilía pronunciada el 3 de septiembre de 1978, haciendo eco a las lecturas, decía en referencia a la misión que le encomendara el señor: "Me sedujiste señor y me deje seducir, la Palabra del Señor era en mi corazón un fuego ardiente... le ofrecí lo único que tenía: mi vida, como hostia viva, agradable a Dios; y como Dios se complace en escoger lo débil del mundo, lo despreciable del mundo, lo que no es, comprendí que era la persona indicada para la obra de su amor...." - y agregó- "... Un día Monseñor Perdomo me había dicho: -no quiero morirme sin dejar algo para la juventud-. Con este nuevo patrono en el cieloy con la pobreza de Belén, nació el 3 de septiembre de 1953, aniversario de mi ordenación sacerdotal, la Central de Juventudes. Contó con la aprobación y el beneplácito del nuevo Arzobispo de Bogotá, El Cardenal Crisanto Luque". La obra fue desde sus comienzos consagrada al Corazón de Jesús, a quien se le debe todo lo que es y todo lo que tiene.
Pero el vino de sus sueños, añejado en el barril de la esperanza, sólo estuvo a punto pocos meses después de su muerte: el 15 de agosto de 1985, Año Internacional de la Juventud, nacía para la iglesia, en la Diocesis de Sonsón Rionegro y bajo la paternal solicitud de Monseñor Alfonso Uribe Jaramillo, la Asociación Pública de Fieles Misioneros de la Juventud, a quien Pafer se gozaba en llamar: "mi gloria y mi corona". El último gran hito en este itinerario de gracia, ocurrió el 27 de diciembre de 1988. La Asociación fue jurídicamente acogida en la Diócesis de Girardot por el Excelentísimo Monseñor Jorge Ardila Serrano. Bajo su cuidado pastoral se ha venido configurando hasta nuestros días.
El sueño de Pafer, si bien aún incipientemente, avanza con firmeza hacia su plena realización.
Sea alabado Jesucristo!